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14/2/08

RECADO DE LAS VOCES INFANTILES

30 de julio de 1961
A estos mis niños -porque tan míos los siento como cosa parida- me los he visto y bebido por estos recodos y senderillos de América que siempre, al verlos al fondo de sus voces, se me antojan también algo como infancia de la tierra, para que mejor rimen en el ejercicio de su travesura y de su asombro. A estos mis niños los he oído cantar. En veces embebidos, niños amautas de la puna peruana o cholitos que ponen un timbre de fuente viva entre la sequedad de vidrio contra cielo en que tiembla el Anáhuac; o los indiecitos de Titicaca que cantan mientras las barcas fluyen de sus manos como encajes de agua.
Estos niños míos, estos niños de niebla y aire, casi irreales en su belleza menuda y pobre, tienen algo de cervatillos que aprontan el casco Y giran el ojo en husmeo de cazador. Hay, por eso mismo, que sorprenderlos en el canto como a los ciervos en el bebedero: sin ruido de hojas ni aspaviento de presencia. Entonces se darán enteros en su ricura elemental. Puros y dóciles a su propio llamado. Aleladillos. Mirándose llover, como dicen los brujos de yarari. Que algo de magia, algo que es mayor que todo lo adulto, algo contemporáneo de ídolos y piedras, se les vuelve arcilla ensimismada y cándida vez en sus mejillas de avena.
A la de Dios por el recuerdo sin cálculo ni pericia de mapa, me voy por esas calles de amapola viva del Brasil litoreño. Por esas calles que huelen al cacao Y semillita de malusa biche y donde la brisa nos ofrece parla de loro con orquídea. Allí he visto las risas de maracas de mis negritos zumbones. Nombrándolo todo con vocablos zumosos, esponjados, con mimos de pupilas y lengua que más parecen licuar que nombrar lo que señalan y tocan. A veces juegan a mayores y se las arreglan para unas escaramuzas, en fabelas y choceríos, que ponen un susto delicioso -un susto de baratijas, pañuelos lunados y ojos en blanco- en las abuelotas negras o en los alguaciles pescadores que andan, entre bancas y caracoles, a la búsqueda de aumentar su borrachera de belleza y de ocio.
¡Qué lindos y elásticos mis mulaticos caribes! Mis mulaticos de Puerto Príncipe, de Camagüey o de Baní. No los apaga la memoria. Se quedan encendidos como abrevaderos de sol. Livianitos, cantando al ritmo de sus venas, tienen guerras de hombros y caderas para todo. Tienen música visible. Música de carretilla con cocos; de polleras de mamá grande; de pistones de mabrú y saliva de bembé. Y, a veces, ¡qué graves bajo el zócalo de una plaza o la testa de una palmera con furia de sol a mediodía! Entonces se vuelven interiores, casi llorosos en un mutismo que, de acercarnos un poco, podríamos hasta oírle las espuelas a Cristophe o el roce de los dedos atusadores en los mostachos de Martí.

A mis niños de Guatemala, me lo ha dicho un zenzontle, los asustan de noche con guayabas de azufre. Pero las madres mayas les tejen cordoncillos con canela y toronjil que preservan su canto y abultan su alegría en los amaneceres antiguos. Interminable se haría mi ronda, mi coro, mis aires con ancha sal, mis oídos de ayer, mi hoy con mi ¡ay!, mi mañana con un Elqui eterno donde un mi niño espante por siempre el olvido de mi frente como una mosca mala. Si es toda la raza me digo. Si es toda ella como sal en merienda de lujo la que se nos regala -con su proporción, con su grave justeza- en estos cánticos aromados de inocencia. Con este tesorillo auditivo tendríamos para henchirnos de orgullo. Y va nos vieran en mesa más pavoneado degustando lo nuestro. Lo que así, de fresco y puro se nos da como silvestre para el oído y como sin sentirlo ni esperarlo para glotonería de nuestro corazón. Benditas estas mujeres que en suspiro y dolor, cuando sus párvulos eran apenas instancia de vida, les cuajaron estos médulos y estos arrumacos de oro. Y yo, la distraída, las de oficio de silencio, me hago más la que no pisa, la que respira, la toda oídos, para que ellos -mis niños, mis hijos- me colmen los entresijos y la sangre con nueva primavera.

2 comentarios:

Blue dijo...

leera Gabriela siempre será un honor.para todos nosotros los chilenos.Gracias por este regalo.

LUZ DE PIEDRA dijo...

Es un regalo para el mundo entero haber tenido de paso a esta SRA. de la POESIA, que regaló el corazón en pos de ella. Gracias por tu comentario blue