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7/3/08

DIA DIFICIL

Te dejo un plato con fruta picada y tu jugo de naranja. Tómalos para que lleves algo en el estómago. No me despido para dejarte dormir un rato más. En el transcurso del día te llamo y te cuento cómo me fue en el jurídico, espero que lo único que pierda esta vez sea el trabajo, pero puede suceder que me inculpen de nuevo. La gente deshonesta tiene facilidad para voltear las cosas, precisamente por eso, porque oculta la verdad. Yo estoy tranquila a pesar de todo, te tengo a ti, cariño. Anoche me costó trabajo conciliar el sueño, recordaba la última vez que me metí en problemas por informar lo que sucedía con el dinero del tiempo extra de los trabajadores, que nunca se les pagó y que se cobró para ser repartido entre dos abusivos. Lo que yo perseguía era que se les reintegrara a su salario, de por sí tan bajo, pero no, lo importante fue resaltar mi falta de lealtad.
A veces falsear la verdad es imprescindible para salir bien librado de una situación embarazosa en la que no se ha actuado con honestidad. Si se logra que los demás perciban las cosas como se plantean y no como son en realidad, se consigue cierta satisfacción pasajera. Sin embargo queda latente la verdad, y como ponzoña que envenena la sangre, hierve por dentro provocando asfixia. Tragarse la verdad no significa que desaparezca. Se esconde, cambia de forma, de tonalidad, su consistencia se vuelve pesada y áspera, se retuerce y se hace nudo, pero sigue viva. El lugar ideal para esconderla es el estómago, donde ocurre la aparente transformación. Entonces, empieza a producir un sabor amargo que seca la boca y expide un mal olor. Quien se traga una verdad difícilmente puede hablar a los demás de cerca, porque su aliento es fétido. Sus labios blandos, por donde pasó la verdad, se tornan rígidos y sonríen poco. La cara también se le endurece, y pierden sus mejillas el rosado natural. Por eso podemos saber cuando alguien miente, por eso se siente incómodo el mentiroso. Después de un tiempo, el malestar aumenta, empieza a invadir el hígado y a contaminar la sangre que los pulmones no alcanzan a purificar. De ahí proviene la asfixia. Las mentiras piadosas no existen, porque provocan el mismo efecto. Pero, lo más terrible es que no se puede esconder sólo una verdad, siempre vienen detrás las mentiras para redondear el plan, y a esas les siguen otras y otras, y otras más. El que dice una mentira dice mil, el que calla la verdad, calla mil veces mil verdades. Te repito, estoy tranquila, sé por experiencia que me pueden destruir completa…a la verdad no, ella es indestructible.

No puedo negar que estoy triste, pero no por desilusión, lo común no decepciona, más bien por dejar de colaborar en un trabajo que tiene trascendencia social. Me acostumbré a la gente, al espacio y hasta al horario agotador. Pero no voy a permitir que en nombre de la educación se persigan intereses mezquinos.
Este mundo tampoco debería aceptar que en nombre de la libertad se destruya un pueblo y una historia…se asesinen seres inocentes. No basta decir o gritar “No estoy de acuerdo”, hay que actuar en verdadero desacuerdo, perder "todo” si es preciso para que la verdad no tarde tanto en salir a la luz. Yo quiero vivir hablando a los demás de cerca, tan cerca como si fuera a besar cada boca como te beso a ti.
Buenos días, mi amor, nos vemos en la noche

MENTIRAS PIADOSAS


Existe gente que mata por dinero. No es difícil encontrar un asesino a
sueldo por un barrio de mala muerte o a los alrededores de algún Ministerio
Público. Con los ahorros de toda su vida Aída ofreció 25 mil dólares y su
automóvil por una ejecución. Se reunió con el Caimán a eso de las 10:00 de
la mañana en el mercado de la Merced para ponerse de acuerdo.

- Traigo el dinero y voy a confiar en ti.

- Le dije por teléfono que no le voy a fallar, seño. ¿A quién tengo que
desaparecer?

-A mí.

-No juegue, muñeca, esto es serio.

-No estoy jugando.

-Con razón me dijo que tenía que ser de un solo tiro.
Si está segura, ¡adelante! ¿Cómo y cuándo va a ser?

-Me dijiste que podías desaparecer el cuerpo. Por el momento no me
van a buscar, pero trata de deshacerte de mí lo antes posible.
Toma las llaves, la factura está endosada, la dejé en la guantera.

Se dirigieron al coche que estaba estacionado a dos cuadras del mercado. El
Caimán siguió a Aída unos pasos atrás para que no los vieran juntos. Al
llegar al auto ella subió en la parte trasera y le pidió que no se asomara
por el espejo retrovisor. Empezó a explicarle el plan.

-Necesito que me lleves a un lugar apartado donde no se escuche
el balazo. Quiero que cuentes bien el dinero que acordamos.
Procura hacer el cambio de propietario mañana mismo, así no tendrás
problemas si llegan a reportar el coche como robado, o véndelo, los
papeles están en regla.

-No me lo va a creer, seño, porque soy un maldito, pero siento regacho
lo que voy a hacer. Se ve que usted es una señora fina y no me entra
en la cabeza que quiera quitarse la vida. Total, si tiene dinero mejor
dígame quién la está jodiendo y nos vamos contra él.

-Te dije que no iba a explicar nada, Caimán.
Ya está decidido. Nadie me ha hecho daño, yo soy la que
puede causarle mucho dolor a mi gente si no me voy de este mundo.

-Pos nomás le digo que si tiene problemas con la droga o con los
narcos, yo tengo muchos conectes para buscar al que la está fre-
gando. La vida es lo más principal, seño. Mejor lárguese del país
y no me pague nada.

- Caimancito, no te metas en los pocos minutos que me quedan de vida.
No me salgas con que te vas a rajar.

-¿A poco no tiene hijos, seño? Piense en ellos.

-No, no tengo hijos. Si tú tienes, comparte con ellos el dinero y deja
esta vida que llevas.

-Si cambia de opinión le juro por mi madre que me regenero.

-Nunca hagas nada por decisión de otros, Caimán.

-¿Cómo me dice eso si me está pidiendo que la mate por decisión suya
y no mía?

-Ya, no me confundas. Apúrate para salir de este maldito tráfico.

- Perdóneme, seño, pero me tiene bien intrigado. Dígame quién le hizo
daño, y de a gratis le partimos la madre entre los cuates.

-Pues ya está, Caimán, yo misma me hice daño, así que no te costará
trabajo matarme.

-De que las hay, las hay.

-¿Por qué dices eso?

-Porque es usted bien valiente, seño.

-No has entendido nada, Caimán, quitarse la vida es la mayor cobardía
que existe.

Por fin salieron de la ciudad. El Caimán tomo la carretera a Puebla, se
desvió por un camino pedregoso y siguió de largo unos 5 kilómetros. Pasaron
unas colonias abandonadas en las que sobresalían muchos cables de luz
colgados de unos cuantos postes. Por ahí se perdió el coche entre la
polvareda hasta llegar a una bodega. El Caimán se bajó del auto, sacó un
manojo de llaves y abrió el portón; metió el coche, abrió la portezuela y se
hincó junto a Aída. Intentó acariciarle las piernas. Ella gritó: ¡tengo
sida, Caimán!

-Todos lo hemos de tener, seño, y no por eso nos vamos a morir tan
pronto. Hora hay muchos remedios para ese mal. Yo pensé que era
algo pior.

- Si no vas a cumplir el trato o te quieres rajar, dame la pistola. Yo
misma me doy el tiro.

-Señora bonita, no se le ocurre que primero tiene que vengarse del
que la contagió. Dígame por favor quién es.
¡Yo se lo mato!

- Caimán, en lo que quedamos. Abajo del asiento está el dinero.
¡Cuéntalo!

- Se nota a leguas que tiene palabra, seño. Le creo.

- Sácalo y cuéntalo delante de mí.

- Le juro que la voy a matar. El Caimán también es de palabra.


Sacó el dinero, lo contó y le dijo a Aída que se bajara del coche para
enseñarle dónde iba a quemar su cuerpo. Ella obedeció, entró a la bodega
donde no había nada, era un espacio vacío en el que seguramente el Caimán y
su banda escondían a los secuestrados o a los que asesinaban por unos
cuantos pesos. Aída le dijo que cuando retiró el dinero del banco, le
explicó al gerente que iba a hacer un largo viaje y que a su regreso abriría
otra cuenta, así que por el momento su familia no daría aviso a la policía.
Antes de salir de su casa dejó la chequera cancelada sobre la cama.

-Tienes tiempo de sobra para evitar que sospechen de ti, Caimán.

- Usted también tiene tiempo de sobra para arrepentirse.
Voy a matarla hasta mañana.


El Caimán desapareció sin decir nada. Aída pasó la noche con los ojos
abiertos y el cuerpo frío. En cuanto salió el sol Aída fue ejecutada con un
balazo en la nuca que la dejó sin vida en unos cuantos segundos.
Los familiares de Aída no reportaron su desaparición. El esposo creyó que lo
había abandonado, sus hijos estuvieron tristes un tiempo y después se
resignaron. La habían visto decaída y apagada los últimos meses. Pensaron
que su madre merecía una vida mejor. Nadie, salvo el oncólogo a quien Aída
le proporcionó datos falsos, supo que padecía cáncer en fase terminal.