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11/2/08

MATSUO BASHOO





Una mujer lavando patatas;
si Saigyoo estuviera
compondría un waka.

Yo soy un hombre
que come su arroz
ante la flor de asagao.

Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.

Yendo hacia Kioto
cubrían medio cielo
nubes de nieve.

Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.

A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma.

Todo en calma.
Penetra en las rocas
la voz de la cigarra.

La primavera pasa;
lloran las aves
y son lágrimas los ojos de los peces.

Aroma del ciruelo,
de repente el sol sale.
Senda del monte.

Visión en sombras.
Llora una anciana sola,
la luna como amiga.

Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.

El caminante
me llamarán a mí.
Primer chubasco.

Hoy el rocío
borrará la divisa
de mi sombrero.

¡Débiles son mis piernas!,
pero está en flor
el monte Yoshino.

Se oscurece el mar.
Las voces de los patos
son vagamente blancas.

Bajo un mismo techo
durmieron las cortesanas,
la luna y el trébol.

Los crisantemos
se incorporan etéreos
tras el chubasco.

Luna de agosto.
Hasta el portón irrumpe
la marejada.

A una amapola
deja sus alas la mariposa
como recuerdo.

Olor a crisantemos.
Y en Nara, viejas
imágenes de Buda.

Las montañas y el jardín
se van adentrando
hasta mi habitación en verano.

Plenilunio de otoño;
paseo en torno al estanque
toda la noche.

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